No a la violencia de Generos

Estamos en pleno siglo 21 y a pesar de lo que se ha difundido a nivel mundial acerca de la violencia de género, es un fenómeno que está a la orden del día, las estadísticas mundiales son alarmantes, cada dos horas una mujer muere en manos de un hombre, de sus padres, hermanos o maridos… y cada ves que una tragedia ocurre, los gobiernos y la sociedad gritan a voz en cuello que esto debe parar:
¡No más violencia contra la mujer!

La mujer, aun hoy día, ha sido educada para darlo y entregarlo todo sin esperar nada a cambio, para cuidar y proveer, pero sobre todo, a la mujer siempre se le ha enseñado a no rebelarse en contra de lo que el hombre diga y quiera, cuando él quiera y como lo quiera.

Para lograr esto se basan en la fuerza física, se dice muy comúnmente que el hombre es más agresivo por naturaleza, ¿pero no lo somos también las mujeres? Pero también aquí se aplica la forma en que fuimos criadas, desde pequeñas se nos prohíbe que hagamos uso de nuestra agresividad porque somos mujeres: “debes comportarte como una dama”, nos enseñan a callar, “la ropa sucia se leva en casa”… y si se calla, se culpa a la mujer por no denunciar, por no acogerse a familiares y amigos o de cualquier ayuda que el gobierno o instituciones le presten.

Muchas veces se piensa que la violencia en contra de la mujer consiste sólo en los golpes, pero es bien sabido que la violencia nos viene en diferentes formas, muchas veces de la forma mas sutil, para finalmente descubrir que no sólo nos están negando nuestros derechos, sino que también nos explotan los sentimientos, nos anulan la voluntad, nuestras capacidades físicas y hasta mentales, haciéndonos creer que nuestras ideas, sueños y anhelos no valen la pena, ni siquiera para ser tomados en consideración.

 En cambio muchas mujeres son victimas de criticas, manipulación, son avergonzadas en frente de familiares y amigos. Si la mujer trabaja, no se le permite hacer uso de su propio dinero y hasta se usa “la ley del hielo” como forma de castigo. Todo esto es un maltrato emocional con el que el esposo novio o amante y hasta de los hombres de la familia. Tratan de tomar control total de la vida de la mujer, y si la mujer se rebela y rechaza esa clase de maltrato, podría empezar a sufrir de violencia física. Muchas veces, nos convertimos en espectadores silentes y pasivos, aunque las señales de maltrato sean muy visibles. Muchas veces preferimos callar, y pensar que si “ella es feliz allí, mejor no me meto donde no me llaman”.

Valdría la pena entonces poner atención a las señales de maltrato, que podría ser desde las más sencillas hasta las más complicadas:

  1. El miedo.
  2. Se nota cansada y triste.
  3. No habla como acostumbraba hacerlo.
  4. Poca o baja auto estima (se considera muy poca cosa).
  5. No acepta invitaciones (“tengo que hablar con él primero”).
  6. Ansiosa, tensa…

Lamentablemente muchas veces la mujer se queda en una relación donde impera el maltrato, porque piensa que con el tiempo va a cambiar, sin embargo el hombre no va cambiar el maltrato hacia su pareja. Sucede lo contrario, el hombre se irá haciendo más fuerte aduciendo que “soy el hombre de la casa, y lo que yo digo eso se hace” con lo que sigue el maltrato, culpando a la mujer de su comportamiento:

  • Tú me provocas.
  • Dejas mucho que desear.
  • No te esfuerzas por hacer las cosas bien.
  • Eres una inútil.
  • Todo lo que haces, lo haces mal.
  • Si te dejo, ninguno más se fijara en ti.

Es muy importante saber y estar convencidas de que el maltrato no es culpa de la mujer, nadie tiene derecho de maltratar a nadie, y para que haya un agresor, tiene que haber un agredido. No seas tú esa persona agredida, el maltratador siempre encontrará excusas y una manera de hacer a que te quedes junto a él,  “perdí el control” ¿Pero cuántas veces un hombre “pierde el control”? Si después de todo, el único control que conoce es el que ejerce sobre su esposa, afectando a los niños, y dejando secuelas muchas veces para toda la vida.

Es muy lindo que la familia, la sociedad, nuestros amigos, que todo esta bien, ¿pero está todo bien? El fingir o el disimular el maltrato no arregla la situación, sólo lo empeora porque en acciones lo aprueba. Hacer como que no pasa nada supone aceptar que lo que estamos viviendo está bien. Sólo nosotras podemos poner alto a la violencia, sólo nosotras podemos cuidar de nuestra salud mental y nuestra integridad física; sólo nosotras podemos proteger a nuestros hijos, poniendo distancia de por medio sin fingir que todo esté bien. Rescata tus valores y derechos, di no a la violencia de género, di no a la violencia en contra de tu noble corazón.

La violencia: ¡una cadena de sinsabores!

En este marco, encontramos que la violencia tiene muchas caras, se disfraza de mil ropajes, se escuda en mil excusas y pretextos, se desliza a velocidades vertiginosas sin ninguna cautela,  por la pendiente de la astucia desmedida, utilizando para ello la fuerza física y la fuerza de la palabra que golpea, que agrede, que mata, para finalmente esconderse bajo las sombras de la ignorancia y la pobreza de espíritu.

¿Las víctimas principales de los escenarios más violentos? Sonmujeres y niños, que son tratados con tremenda severidad y dureza dentro y fuera de sus hogares. Y algunas mujeres, a pesar de que sienten la rudeza, el rigor acumulado de humillaciones y maltrato por parte del hombre, siguen aferradas besando el látigo que las golpea, no quieren cortar sus cadenas de sinsabores, no quieren ni les interesa salir de su cárcel de fracasos… ¡qué paradójico puede sonar esto!

Pero hay otras que sí quieren salir, y las circunstancias les son adversas: Mujeres que por su incipiente estrato social han sido relegadas a un segundo plano social. Aquellas que tienen que salir desde muy temprano de sus humildes hogares para partirse la espalda de sol a sol y de luna a luna trabajando jornadas inhóspitas en las labores del campo, con el lodo llegándoles hasta los tobillos, para llevar un mísero sustento a sus hijos y al regresar a casa son recibidas con una golpiza del marido borracho.

O aquellas mujercitas obreras de fábricas, empresas y negocios de mala muerte, en los que sufren verdaderos atropellos emocionales, permanentes hostigamientos y descalificación de todo tipo, debido a su baja condición de aceptación por parte de quienes tienen todo el mando y el poder en sus manos.

 O aquellas otras, que en vez de “Reinas del hogar”, se han convertido en unas verdaderas esclavas del deber, a manera de “ejecutivas domésticas” sin sueldo y sin derechos para decir ni para decidir, que son utilizadas por sus familias, sus maridos y hasta por sus propios hijos, de la forma más cruelmente despiadada.

O tantas otras mujeres que son chantajeadas, acosadas,manipuladas, laceradas, humilladas, vejadas, violadas, golpeadas física y psicológicamente, unas verdaderas víctimas, incluso dentro de su propio hogar, donde en algunos casos, ellas terminan siendo asesinadas en su dignidad, su integridad, sus sentimientos devaluados hasta la saciedad, mujeres que terminan muchas veces “muertas en vida” con el corazón hecho mil pedazos sin ninguna misericordia ni piedad.

Y ni qué decir de aquellas nobles mujeres que sucumben por amor, o que viven aisladas del mundo, llevando a cuestas grandes crisis emocionales, esfuerzos y super-esfuerzos constantes y repetidos, paquetes muy pesados en ambientes densos, muy duros de digerir, silencios obligados por chantaje sentimental, por vergüenzas, por miedos, por temores, por cobardías y hasta por negligencias o incapacidades para actuar.

Me pregunto: ¿En qué lugar del mundo se guardan como reliquias los galardones a la excelencia para todas éstas mujeres del mundo? …¿Hasta cuándo les serán reconocidos sus muy bien logrados y ganados méritos?

Esto ya no es posible callarlo ni ocultarlo amigas queridas:

¡QUEREMOS JUSTICIA PARA TODA MUJER!

Los países del mundo se han vestido de luto por varias generaciones, y lejos de que la sociedad en quiebra sienta ánimos de mejorar, cada vez está peor en un mundo “de baratillo” y en “bancarrota de todos los valores”, donde es la misma sociedad quien juzga y hasta condena, sin otorgarle a la mujer, ni siquiera la oportunidad de poder defenderse.

¿Dónde están los culpables? Aquellos que atropellan y denigran la dignidad de la mujer. Los asesinos de valores y sentimientos, los responsables de que la mujer permanezca marginada, devaluada, incapacitada para levantarse del inmundo lodo de la tierra…¡Dios Santo, qué tristeza decirlo así!

Apelamos pues a las autoridades de todos los gobiernos del mundo y a la conciencia humana, para que cese la violencia contra la mujer, otorgándole ojalá, el lugar digno que merece y que ella (como reina), debe ocupar dentro de la sociedad y dentro de la naturaleza.

 

Anuncios